Puyuhuapi: Patagonia Hotels, Lodge
REGION DE AYSEN
Puyuhuapi Lodge & SPA se ubica en el incomparable escenario de la bella y solitaria región de Aysén, en la Patagonia Chilena.
Aysén ocupa la zona noroccidental de la Patagonia y sus fronteras son: al norte, la región de Los Lagos; al este, Argentina; al sur la región de Magallanes y la Antártica Chilena y al oeste, el océano Pacífico.
La población de la región Aysén es de aproximadamente 91 mil habitantes, la superficie es de 109mil km2, la densidad poblacional 0,8 habitantes por km2. El 50% de la población se concentra en la ciudad de Coyhaique.
Su accidentada geografía la convierte en uno de los lugares más hermosos de Chile y del planeta, que deleita con espectáculos naturales únicos, donde se aprecian los efectos de los movimientos tectónicos, el volcanismo y las glaciaciones, que dieron origen a islas, canales, fiordos, campos de hielo, ventisqueros y cordillera.
La región de Aysén también ofrece magníficos lagos, como el Palena, Rosselot, Risopatrón, Yulton, Elizalde, General Carrera, Cochrane y O'Higgins. Entre sus ríos se cuentan el Palena, Cisnes, Mañihuales y Aysén, además del famoso Baker, el más caudaloso de Chile, que tiene una excelente pesca y numerosos rápidos aptos para descenso en balsa y que actualmente se encuentra amenazado por la construcción de varias represas hidroeléctricas.
Rica en atractivos turísticos de singular belleza, un apretado listado de ellos incluye los parques nacionales Laguna San Rafael y Queulat; el monumento nacional Las Manos de Cerro Castillo; el impresionante Santuario de la Naturaleza Cavernas del Mármol; el Campo de Hielo Norte; las reservas nacionales Río Castillo y Río Simpson; la escénica Carretera Austral.
El clima de la región de Aysén es frío y húmedo, con precipitaciones a lo largo de todo el año. Sin embargo, durante el verano las temperaturas pueden llegar por sobre los 30°C, y es común vivenciar las cuatro estaciones en un mismo día. Un espectáculo maravilloso y frecuente son los coloridos arco iris que se forman en la transición de estos estados climáticos.
HISTORIA DE AYSEN
A lo largo del tiempo se han dado distintos significados para la palabra Aysén. De acuerdo a los antiguos navegantes, significaba “Ice End” que significa el “fin de los hielos”. Sin embargo, el primer nombre del que se tiene registro histórico fue “Tierras de Diciembre”, como fue anotado en 1520 en la bitácora del descubridor Hernando de Magallanes. Éste pasó por allí precisamente en el mes de diciembre y desde su barco, a 48 grados latitud sur, divisó un litoral quebrado y de elevados cerros.
El escribano de la nave, Pigaffeta, llamó a los indígenas patagones, debido a que su elevada estatura le hizo recordar al gigante
Patagón de la novela española de caballería Primaleón y por extensión la región pasó a ser conocida como Patagonia. Más tarde, durante la colonia española fue denominada “Trapananda”, o “Tierra que está muy lejos”.
A pesar de su aislamiento, su clima y sus inhóspitas condiciones, esta región fue poblada durante miles de años por diversas tribus indígenas, que fueron nómades y vivieron de la caza, la pesca y la recolección. Los chonos, alacalufes (kaweshkar) y yamanas (yaganes) fueron canoeros, y los onas (selknam) y tehuelches fueron cazadores.
En 1544 el teniente Juan Baustista Pastene fue encomendado por Pedro de Valdivia para realizar un primer reconocimiento por la zona. Documentos oficiales mencionan a la provincia de “Trapananda”, que consideraba el territorio al sur de Chiloé. En 1608 los jesuitas se instalaron en Castro, Chiloé, e iniciaron una serie de viajes por la región, con la intención de evangelizar a los indígenas y encontrar la mítica "Ciudad de los Cesares”, que brillaba en el imaginario colectivo de la época como promesa de oro, riqueza y esplendor sin igual.
En 1620 el sacerdote jesuita Alonso de Ovalle exploró el río Aysén y en el siglo siguiente José García Alsué, también jesuita, descubrió Puerto Cisnes y elaboró el primer mapa de la Laguna San Rafael. En el siglo XVIII el piloto José de Moraleda continuó explorando la región y confeccionó mapas. Pero tan sólo en 1870, ya con un Chile independiente, el gobierno comisionó al almirante Enrique Simpson para reconocer el extremo sur del país. En cuatro viajes sucesivos, éste recorrió el Archipiélago de Las Guaitecas, exploró el río Aysén, la Península de Taitao, el río Huemules, el canal Moraleda hasta la Laguna San Rafael, el Istmo de Ofqui, la desembocadura del río Cisnes y el río Queulat. Durante estos viajes bautizó muchos puntos geográficos, confeccionó mapas, realizó observaciones sobre la flora, la fauna y las condiciones climáticas, y también constató la paulatina extinción de los chonos.
Colonización y desarrollo de la región de Aysén
En las postrimerías del siglo XIX Aysén era una tierra virgen, donde no existían poblados importantes y prácticamente los únicos visitantes, fuera de las expediciones científicas, eran nativos de Chiloé que venían a extraer madera. Pero a fines del siglo XIX, diversos conflictos fronterizos entre Chile y Argentina llevaron a ambos países a arbitrar límites territoriales y se hizo clara la necesidad de colonizar y desarrollar la Patagonia. Así, entre 1900 y 1904 el gobierno chileno otorgó concesiones fiscales a varias empresas ganaderas, buscando que además éstas estimularan la colonización, con chilenos o extranjeros, y comercializaran sus productos ganaderos por el Océano Pacífico.
Pero debido a la ignorancia que existía sobre la zona austral y al desconocimiento de su geografía, muchas de estas empresas quebraron a pesar de las fuertes inversiones que realizaron. Destaca especialmente la Sociedad Industrial Aysén, que se asentó en el sector central de la región en1905 y a pesar de las grandes dificultades que debió sortear logró un desarrollo importante, fue una fuente relevante de empleo, comenzó la construcción del Camino Puerto Aysén-Coyhaique y creó el poblado de Baquedano, hoy Coyhaique.
En estos primeros años existía una estrecha dependencia de Argentina. El aislamiento de la región, la falta de servicios, infraestructura y red vial, hacían natural y conveniente el contacto con poblados patagónicos de ese país, más desarrollados, dotados de instalaciones y puertos que permitían el acceso hacia el mercado atlántico. Asimismo, la inmigración espontánea que recibió Aysén estaba compuesta fundamentalmente por chilenos que venían desde zonas fronterizas de Argentina, donde se habían asentado junto a sus pequeños rebaños. Pero la presión nacionalista del gobierno argentino los forzó a regresar a Chile y en su avance hacia el sur, en busca de lugares donde asentarse, comenzaron a poblar las tierras australes, entonces “tierras de nadie”. Así fundaron pueblos como Futaleufú, Palena, Lago Verde, Río Ibáñez, Chile Chico y Lago O’Higgins, entre otros. No obstante, la comunicación y el contacto con Argentina continuó siendo habitual durante muchas décadas, debido al aislamiento de estas tierras y a la falta de inversión del gobierno chileno.
El 28 de enero de 1928 se fundó Puerto Aysén , pero fue sólo a partir de la década del 30 cuando el Estado consolidó los servicios e inició un programa sistemático de inversión e incentivo a la colonización. Fue a partir de esta década que Aysén se integró plenamente al territorio chileno. A partir de 1940 se dictaron decretos y leyes que incentivaron el desarrollo económico de la región y la llegada de nuevos colonos.
Es en esta misma época cuando en procura de suelos aptos para la ganadería, se utiliza un sistema de roce con fuego para eliminar la vegetación, provocando así los grandes incendios que duraron varios años y eliminaron 2,5 millones de hectáreas de bosques nativos, equivalentes a un cuarto de la superficie total de la región. Hoy día, las grandes extensiones de terrenos quemados son el mudo testimonio de esa barbarie forestal.
En 1976 la capital regional fue trasladada a Coyhaique y en la década del 80 la alicaída economía experimentó una recuperación con las industrias pesqueras y del salmón que se instalaron en la zona, aprovechando la limpieza de las aguas de sus costas y la abundancia de bahías y fiordos naturalmente resguardados del viento y las marejadas.
Sin duda, una importante fuente de desarrollo para la región es su enorme potencial turístico. Su excepcional paisaje, se une a los positivos índices de seguridad ciudadana, la escasa delincuencia y la inexistencia de contaminación ambiental. A esto se agrega que la región posee áreas naturales protegidas que representan un 53% de la superficie, entre las cuales es posible encontrar lugares de incomparable belleza.